El hambre en México no es un fenómeno nuevo, pero sí uno de los más urgentes. En pleno siglo XXI, millones de personas viven con la incertidumbre de no saber si podrán comer al día siguiente. Esta realidad contrasta con la imagen de un país con abundancia agrícola, diversidad cultural y capacidad productiva suficiente para alimentar a toda su población.
Lejos de ser una situación aislada, el hambre es el resultado de un entramado de factores económicos, sociales y políticos que se han acumulado durante décadas.
Hambre e inseguridad alimentaria: una relación directa
En México, el hambre suele manifestarse a través de la pobreza alimentaria, es decir, la imposibilidad de adquirir una canasta básica aun destinando todos los ingresos a la alimentación. Muchas familias no dejan de comer por completo, pero sí reducen la calidad y cantidad de los alimentos, priorizando productos baratos y poco nutritivos.
Este tipo de alimentación tiene consecuencias silenciosas, pero profundas, especialmente en la niñez y adolescencia.
¿Quiénes padecen más el hambre en México?
Aunque el problema se extiende por todo el país, existen grupos especialmente vulnerables:
- Comunidades rurales y zonas indígenas
- Hogares encabezados por mujeres
- Personas adultas mayores sin pensión
- Niñas y niños en contextos de marginación
En estas poblaciones, el hambre se combina con falta de acceso a servicios de salud, educación y empleo formal, reforzando un círculo de exclusión difícil de romper.


